10 de enero de 2013

Triste ironía

Tu cuerpo inquieto da vueltas entre las sábanas cálidas de tu cama.
Tu mente, que no descansa en paz, piensa y piensa en lo que en unas horas ha de suceder.
      (...)
Su rostro no sonríe.
Sus ojos tampoco.
Un leve beso como saludo.
Le incitas a que comience, sabiendo que no sera algo agradable: quieres que termine cuanto antes.
Sus dedos se separan lentamente de los tuyos.
El aire corre entre vuestros cuerpos.
Mal presagio.
Sus palabras, salen una a una como puñales cargados de verdad.
Intentas que entienda tu posición.
Intenta que le entiendas.
Una vez más el silencio es la única respuesta que logra salir de vuestros labios.
Los minutos pasan.
El silencio es incómodo.
No sabes qué piensa.
Quieres abrazarlo y besarlo.
Dudas.
No te atreves.
Miras al vació.
Contienes las lágrimas.
El fin del trayecto cada vez está más próximo...el decide dar el paso.
Palabras y palabras y palabras os llevan al mismo punto que antes.
Con los ojos empañados en lágrimas le dices que no quieres perderle,
que es uno de tus pilares...que le amas.
Sus ojos, tristes, hablan por si solos.
Te abraza fuertemente contra su pecho en un intento de no separaros.
Triste ironía.
Coge entre sus manos tu rostro, te mira con esa mirada que indica el final de esta batalla de palabras y te besa.
Nuevamente predomina lo que durante cuatro años ha predominado: Que os quereís.




2 comentarios:

Cristina Pompom Vieiro dijo...

Cuando el amor es suficiente, no importan los obstáculos. Sin embargo, en "ocasiones" la realidad se impone y hay que dejar a la "poesía" escaparse entre los dedos. Se feliz, sed felices, y cuando el amor no sea suficiente, poned punto y final sin más penas ni glorias, sólo manteniendo un bonito recuerdo y "escribiéndolo" para dejarlo ir, con una sonrisa en los labios.

Cristina Pompom Vieiro dijo...

Hola!!!!
Te he dejado un regalito en mi página de blog. Pásate a recogerlo.
http://pompomdefieltro.blogspot.com.es/